Alimentación Evolutiva: cómo volver a nutrirnos desde la raíz

Parte 1 – La teoría detrás de la alimentación fisiológica

Muchas veces hablamos de fertilidad, de sanar el linaje, de prepararnos para gestar… pero antes de todo eso necesitamos volver a lo más simple: los hábitos básicos que sostienen nuestra vida. Alimentación, descanso, movimiento y los elementos que nos conectan a la tierra: sol, agua, aire, tierra y éter.

Hoy quiero llevarte a un viaje profundo hacia la alimentación evolutiva, esa que respeta la biología humana tal y como fue diseñada durante millones de años de adaptación.

Mi camino personal con la alimentación

Durante años fui vegetariana y luego vegana. Sostuve dos gestaciones y lactancias completas desde ese lugar, convencida de que estaba haciendo lo mejor para mis hijos. Pero la realidad golpeó fuerte: inflamación, irritabilidad, falta de energía, placentas pobres en nutrientes y un cuerpo sin reservas.

Entendí que estaba jugando a ser Dios, negando la dualidad de la vida en la tierra: la luz y la oscuridad, la necesidad de que unos organismos sostengan a otros. No fue fácil aceptarlo, pero fue el inicio de mi verdadera sanación y de la de mis hijos.

¿Qué es la nutrición evolutiva?

Es una mirada antropológica que estudia cómo se formó nuestro cuerpo en relación a los alimentos originales, en distintas etapas de la evolución, y cuáles son los combustibles más fisiológicos para mantenernos con energía, salud y claridad mental.

El problema no son solo los ultraprocesados (eso ya lo sabemos). El verdadero desafío está en los alimentos “aparentemente sanos” que hoy forman la base de la dieta moderna.

Alimentos que inflaman

  • Lácteos: no todos son iguales. La mayoría de los que consumimos hoy provienen de vacas con caseína tipo A1, mucho más inflamatoria que la caseína A2 de cabras, ovejas o búfalas. Además, la pasteurización mata bacterias que necesitamos. Si elegís consumir lácteos, lo ideal es que sean crudos y de caseína A2.

  • Cereales y legumbres: contienen antinutrientes diseñados por la propia planta para defenderse de los depredadores. En nosotros causan inflamación y permeabilidad intestinal.

  • Frutas modernas: nada tienen que ver con los frutos salvajes de hace miles de años. Fueron injertadas para ser más dulces y carnosas, y hoy cargan de fructosa a nuestro hígado. Incluso deportistas de élite presentan hígado graso por abusar de los batidos de frutas.

  • Frutos secos: son ricos en grasas, pero también contienen antinutrientes. No basta con comerlos “así como vienen”: necesitan ser preparados.

La conclusión

El 90% de nuestras enfermedades modernas comienzan en la mesa. La inflamación crónica, los desbalances hormonales, los diagnósticos frustrantes… casi siempre están ligados a una alimentación que no respeta nuestra biología.

No se trata de entrar en pánico ni de prohibir, sino de comprender y elegir con consciencia. Y para que esto no quede solo en teoría, en la segunda parte de este artículo te voy a compartir tips prácticos de cocción y selección de alimentos para que puedas llevar la nutrición evolutiva a tu vida cotidiana.

Parte 2 – Consejos prácticos para aplicar la alimentación evolutiva

Ya vimos la base teórica de por qué ciertos alimentos nos enferman y otros nos devuelven vitalidad. Ahora vamos a lo más importante: cómo llevarlo a la práctica en tu cocina diaria.

Carnes y huevos

  • Son los alimentos más fisiológicos que tenemos.

  • Si sentís inflamación o malestar, no es la carne en sí: es tu hígado o intestino pidiendo atención.

  • Ideal: evitar carnes rojas a la noche y priorizar carnes blancas o pescados.

  • Huevos: hasta 8 por día, sin miedo.

Frutas

  • Priorizá las de bajo índice glucémico: manzanas (ricas en ácido málico, limpian el hígado), frutos rojos (arándanos, frutillas, frambuesas).

  • Evitá que sean la base de tu dieta y prestá atención a la calidad: mejor directo del árbol o productor local que del supermercado.

Frutos secos y semillas

  • Siempre remojados al menos 12 horas.

  • Podés secarlos al sol, en horno bajo o deshidratador después del remojo.

  • Semillas como chía, lino o sésamo también necesitan hidratación.

Cereales, papas y almidones

  • Usá la técnica del almidón resistente: cocinás, enfriás en la heladera 24h y luego calentás suave.

  • Esto hace que el alimento no dispare tanto la glucosa y sea más fácil de digerir.

  • Evitá trigo y derivados, y buscá granos en su forma más pura.

Legumbres

  • Remojalas el máximo tiempo posible, ideal hasta que broten.

  • Las lentejas son las más fáciles de digerir; otras suelen ser muy pesadas.

Vegetales

  • Si tu intestino está inflamado, empezá por cocidos.

  • Con el tiempo podés ir incorporando más crudos.

  • Ojo con las solanáceas (tomate, berenjena, morrón) que suelen ser inflamatorias.

  • El maíz es casi siempre transgénico: revisá su calidad y tolerancia.

Tips extra

  • Nunca uses microondas, aluminio ni plásticos para cocinar.

  • Lavá frutas, verduras y carnes con bicarbonato, vinagre o incluso microrizas para potenciar su valor nutritivo.

  • Recordá: la calidad es tan importante como la cantidad.

Conclusión

La alimentación evolutiva no es una dieta más. Es una forma de recordar cómo fuimos diseñados para vivir en la tierra, respetando nuestro cuerpo, nuestros ciclos y la conexión con lo natural.

Este camino requiere tiempo, observación y paciencia. Pero también es la puerta hacia una biología más fuerte, un útero más fértil y una vida más plena.

👉 Si sentís el llamado a profundizar en este camino, en Desde la Raíz te acompaño en un proceso de 6 meses para sanar tu cuerpo, tu fertilidad y tu linaje desde la alimentación, los hábitos y la espiritualidad.

Anterior
Anterior

Electromagnetismo artificial y grounding: para desinflamar tu cuerpo y volver a la Tierra

Siguiente
Siguiente

💧Agua estructurada: tu primer medicina del día para limpiar el intestino e hidratar tus mitocondrias